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Obediencia y desobediencia Definición Si por obediencia entendemos “la capacidad de cumplir órdenes justas provenientes de la autoridad” y no sólo cumplir “la voluntad de quien manda”, es posible definir con cierta claridad la desobediencia en niños y adolescentes cómo: “el incumplimiento consciente de órdenes justas provenientes de los padres o de los maestros”. La autoridad en padres y maestros, para que pueda ser ejercida, antes debe ser ganada, es decir debe merecerse. Y aunque parezca imposible hoy día, no todos los padres ni todos los maestros merecen autoridad porque no todos tratan con el amor y respeto debido a sus hijos y alumnos. Ni todas las normas son justas. Antes pues de atribuir a los hijos una conducta desobediente los padres deben primero preguntarse sí se han ganado la autoridad y segundo si la norma dada a cumplir tiene sentido justo. Por ejemplo durante la primera infancia hay padres que buscan entrenar a sus hijos en la obediencia cómo si fuesen animales de compañía y gritan en el parque cuando el niño 3-6 años está en pleno juego con sus compañeros: “Ven aquí, ahora mismo”, esperando –normalmente en vano- que el niño acuda de inmediato. El niño tarda. Y el papá se enfada después “porque ha sido desobediente”. Quizá si la voz hubiera sido: “Juan tengo prisa, por favor termina rápido de jugar y despídete de tus amigos, que nos tenemos que ir”, la vuelta de Juan fuese más rápida. Durante la adolescencia la exigencia de obediencia por parte de los padres debe ser aún más ponderada para procurar que la norma se cumpla. Es decir los padres deben ganar en autoridad al procurar que la norma sea justa y actualizada. No es justo hoy pedir a los adolescentes que no oigan música jamás, no lleven nunca zapatillas de deporte o no vistan vaqueros. Sí se les puede pedir razonablemente que no oigan música mientras se almuerza en familia y que no calcen deportivas o vistan vaqueros el día de la boda de su hermana. Cómo fomentar la obediencia o “ganas de agradar” en los niños y en los adolescentes
La desobediencia como comportamiento habitual Por temporadas los niños desafían los deseos de padres y maestros. Esto forma parte de su crecimiento interior y somete a prueba las formas y actuaciones de los adultos que los están guiando. Las primeras desobediencias comienzan a los dos años, cuando comienzan a tener los primeros rasgos de personalidad con el uso del lenguaje y de la movilidad. Porque en realidad solo tienen una forma los niños para aprender y descubrir su propio camino: alcanzar un sentido de autonomía. Conforme crecen y alcanzan más independencia deben descubrir los límites de las reglas de sus padres y maestros, y ya durante la adolescencia deben interiorizar las normas ofrecidas si les parecen justas o no cumplirlas, de donde surge la desobediencia como comportamiento habitual. Causas
Agravamiento Algunos niños tienen una larga historia de estar fuera de control y carentes de cooperación. La conducta desobediente como norma es un problema muy serio. Cuando los niños han estado desobedientes por largos periodos, sin querer dialogar y tienen arranques en contra de sus padres y maestros es señal que existe un conflicto dentro de la familia entera. Los niños pueden desechar la autoridad de sus padres, sintiendo que su mamá o su papá desaprueban no solo su comportamiento, sino también a ellos como personas. El problema de la desobediencia en los niños debe remediarse pronto, sin dejar que se prolongue en el tiempo y menos aún que alcance al periodo adolescente cuando es mas difícil remediar los problemas porque los adolescentes aprenden a estar infelices con ellos mismos, y su autoestima puede deteriorarse enormemente. Esta sensación de fracaso los adolescentes la achacan a los padres y maestros, se sienten incomprendidos y gradualmente, si la relación familiar continua deteriorándose, se transforman los sentimientos en tristeza, hostilidad y agresividad. Muchos niños desobedientes no comunican sus razones para estar enojados, enfadados o inconformes, o sus padres son incapaces de entender que están tratando de expresar. Esta ruptura en la comunicación se presenta si el niño no está recibiendo suficiente atención de sus padres, probablemente debida a que la preocupación de sus padres está centrada en sus propias vidas, carreras y problemas. Para algunos niños, según el Dr. Abraham Dayán Nahmad, Neurólogo Pediatra, la agresividad y el comportamiento desobediente es una respuesta a la violencia que ven en su familia. Muchas familias que tienen niños desobedientes recurren al abuso físico como una de sus técnicas para disciplinarlo, pero el castigo físico incrementa la agresividad por parte del niño, y un círculo vicioso se establece. Los niños que crecen en éste ambiente están expuestos a problemas durante toda su vida con la relación interpersonal y las autoridades. Como padre, tiene que tener en mente que el periodo de la adolescencia, es un periodo vulnerable de la vida. Los jóvenes que están en la edad escolar son egocéntricos, interiorizan todos los sucesos que se presentan alrededor de ellos. Por ejemplo, en las familias en que existen conflictos matrimoniales, separación o divorcio, los niños malinterpretan esos problemas, concluyendo que ellos han estado equivocados, y han disgustado a sus padres. ¿Que pueden hacer los padres? Cuando tienen un hijo desobediente en forma crónica, examine las posibles causas de su tumulto interno y rebelión. Si éste ha sido un patrón persistente que ha continuado durante toda la mitad de su niñez, deberán evaluar muy de cerca su situación familiar y preguntarse:
Soluciones
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Si la relación con su familia muestra signos de dificultad y una carencia de cooperación, la terapia de pareja está indicada. Si existe por parte de su hijo(a) agresividad, destructividad y baja autoestima, la utilización de medicamentos está indicada. Para tratar de resolver éstos problemas lo antes posible, usted puede minimizar y prevenir forcejeos más serios que florezcan en la adolescencia. Lo importante es su pronta identificación y tratamiento. ¿Qué podemos hacer si nuestro hijo es siempre desobediente ? Por empezar, indagar las razones que originan esa mala conducta. Identificar con claridad el problema para poder resolverlo (escasa atención de los padres, padres que aspiran a la perfección, privación al niño de satisfacciones y privacidad cuando no cumple con exigencias desmedidas, celos por el nacimiento de un hermano, etc). Un niño tratado con indiferencia o exigencias desmedidas es normal que se muestre desinteresado, carezca de motivaciones y se porte mal constantemente. No importa lo bien que se pueda portar o lo logros que pueda obtener, nada se le reconoce. Los niños que siempre hacen lo opuesto a los que se les pide encubren un mensaje. Nos está pidiendo indirectamente que se interese más en él. La conducta de oposición persistente es en el peor de los casos un intento de contrariarla y en el mejor de los casos un medio para llamar su atención. El intento de contrariarla es la expresión más directa de la hostilidad y el resentimiento del niño. A veces el niño miente, roba o actúa con falsedad no por las dudosas recompensas que puedan significarle estas acciones sino por el el solo hecho de portarse mal. En general, un niño que manifiesta crónicamente estas conductas está pidiendo a gritos que le presten atención. Ejemplo de buenas normas o cómo fijar mejores límites Los límites y las reglas son fundamentales para el desarrollo, crecimiento y seguridad de las personas y sus instituciones. Nada ni nadie puede funcionar correctamente careciendo de reglas. Si en una clase no existiesen reglas habría un gran caos, y los alumnos poco podrían aprender. Si una ciudad careciera de leyes, no habría seguridad para vivir. De la misma manera, una familia debiera poseer reglas, basadas en su propio sistema de valores. Si su hijo adolescente es responsable y criterioso para manejarse, seguramente no necesitará mucho más que algunas pautas firmes y claras. Pero si no es así, usted necesitará recrear todo un sistema de reglas y valores, que además sean supervisadas en forma mucho mas severas. No bastaría con que usted le prohíba, por ejemplo, el uso de drogas, si luego le permite a su hijo adolescente juntarse con amigos o compañeros que las usen. Lo ideal, sería que fije reglas preventivas muy claras respecto a con “QUIÉN” le está permitido juntarse, “QUE” cosas pueda hacer, “DONDE” se le deja ir y “CUANDO” puede ir y debe volver. Si además desea que su hijo obtenga muy buenas notas, deberá fijar reglas concernientes al compromiso con la escuela, a la responsabilidad de terminar su tarea, y a la constante comunicación con usted sobre su desempeño académico. De esta forma, usted no solo controlará sino que también ayudará al adolescente a maximizar sus oportunidades para el éxito. Cuando se logran crear y aplicar un buen número de reglas, no solo se ayuda al adolescente a prevenirse de muchos conflictos, sino que además usted puede estar enterado de ellos en forma anticipada, lo que permite resolverlos antes de que sean demasiado complejos. Es inevitable que existan conflictos con adolescentes rebeldes y desafiantes. Pero si usted logra poner límites en las cosas más pequeñas y cotidianas, como el cumplimiento de la tarea escolar, su forma correcta de vestir, los amigos que más le convienen, sus horarios, los productos que consume, etc., habrá logrado la mejor medida preventiva para evitar otros problemas mucho más grandes, como embarazo adolescente, repitencias, grandes fracasos, soledad, etc. “Preste atención a las pequeñas cosas y las grandes se evitaran por sí solas”. Conformidad Una vez que haya establecido un sistema de reglas, su cumplimiento dependerá en gran medida de estos cuatro puntos.
Si alguno de estos ítems no fuese cumplido, se convertiría en un gran escollo para el cumplimiento de las reglas. Vamos por puntos. Que las reglas sean transmitidas en forma firme y clara, para que sean entendidas Si las reglas no se entienden claramente, se prestan para los malentendidos, las confusiones y, por ende, las manipulaciones. Muchos de los padres actuales piensan que su hijo adolescente ha entendido las reglas tal como ellos pensaban. Por ejemplo, si le dice a su hijo que debe volver temprano a casa, el significado de la palabra “temprano” puede tener drásticas diferencias entre usted y él. Si le dice a su hijo que debe limpiar su cuarto, la idea de un “cuarto limpio” también puede diferir mucho entre ustedes dos. Por esta razón, las reglas necesitan ser muy especificas. Ser claro y bien entendido es una muy buena forma de evitar que su hijo se aproveche –voluntaria o involuntariamente- de la confusión. Que su cumplimiento sea constantemente supervisado La supervisión es un elemento fundamental para cualquier regla. ¿Se imagina, por ejemplo, como sería el transito si nuestras calles no estuviesen supervisadas por la policía? ¿Cómo serían los productos de un negocio si estos no estuvieran supervisados en su producción y calidad? Como padres, debemos proporcionarle seguridad a nuestros hijos por medio de la supervisión de su comportamiento. La “cantidad” de supervisiones dependerá del tipo de hijo que se tenga. Algunos adolescentes no requieren mayores controles. A otros, se les debe estar siempre con un ojo encima. En todo caso hágale saber a su hijo que usted estará siempre pendiente de su comportamiento. Con esto lograra dos cosas: primero, que no se sientan ofendidos cuando vean que usted los está controlando, y segundo, que se auto-obliguen a cumplir las reglas, sabiendo que sus malas acciones podrían ser descubiertas (de cualquier forma, también es recomendable que no avasalle su intimidad). La supervisión se puede dar de muchas formas. Por ejemplo, y en relación con la escuela, puede pedir a los directores informes semanales sobre la evolución académica de su hijo. También puede pedir citas con los profesores para conversar con ellos personalmente. Con respecto a las salidas y la ingesta de drogas, puede esperarlo en la madrugada, cuando vuelve de bailar, para comprobar su estado general. El uso del auto se puede comprobar por medio del cuentakilómetros, mientras que el lugar al que afirma dirigirse puede ser corroborado mediante el pedido del teléfono, para mas tarde llamar a ese lugar. Que se las haga cumplir constantemente Uno de los puntos que más les cuesta consumar a los padres es la severidad con sus hijos adolescentes. Basta con que no se haga cumplir una sola regla como para que cualquiera de ellas pueda ser también violada. Si el adolescente piensa que todo depende de su humor, estará ,as pendiente de eso que de comportarse con criterio. Cuando como padres no damos el ejemplo mediante premios y castigos, nuestros adolescentes pierden todo tipo de límites, alterando en el recorrido la convivencia familiar. Si nuestros hijos incumplen una regla, debemos hacerles sentir las consecuencias, por mucho que nos pese. Es muy común que los adolescentes desobedezcan reglas intentando “medirnos” para ver nuestra respuesta. De ahí que sea fundamental una reacción correcta de forma temprana. Si se dejan pasar las pequeñas cosas, tarde o temprano se complicaran las grandes, creando de esta forma caos, confusión y resentimiento. Muchos padres suelen hacer cumplir las reglas “en determinadas ocasiones” o “de vez en cuando”. Este comportamiento resulta muy ineficaz, ya que la clave es la consistencia. Cumpla siempre con lo que prometió que haría. Una aplicación esporádica no funciona. Solo los padres que hacen cumplir sus reglas constantemente lograran que sus hijos respondan... constantemente. Que las consecuencias de no hacerlo sean una traba para futuros beneficios. Las consecuencias a imponer dependerán en gran medida de la violación a la regla así como de la reacción del adolescente a los diversos tipos de sanciones. Para algunos adolescentes, la máxima pena es la prohibición de salidas los sábados por la noche, mientras que para otros ese castigo no tiene importancia. La clave está en dos puntos: primero, que la sanción tenga una verdadera importancia para el adolescente, y segundo, que la severidad de la pena tenga una estricta relación con la falta cometida. La experiencia demostró que cuanto más inmediatas son las sanciones, también son más eficaces. Pero en algunos casos las faltas son tan graves que no alcanza con exhibir una reacción instantánea. Para esos casos, lo ideal es una combinación de penas inmediatas con otras que perduren durante varios días. Las primeras son aquellas que tienen un objetivo definido y puntual, como una prohibición de salida, el pedido de una tarea escolar extra, o algún tipo de colaboración especifica en el hogar, como ordenar el galpón. En cambio, al aplicar sanciones prolongadas se obliga al adolescente a modificar su rutina diaria, perdiendo ciertos privilegios. Estas pueden ser quitar el carné de conducir, la prohibición de efectuar futuras vacaciones junto a sus amigos, un proyecto de trabajo importante, como pintar la terraza, o la quita de la mensualidad. Aunque no sea fácil implementar estas sanciones, pueden ser muy buenas para prevenir futuros conflictos aún más importantes. Consecuencias disuasivas Las consecuencias que utilice deben ser lo suficientemente firmes como para disuadir a sus hijos de volver a violar las normas. De otra forma, no solo serán inefectivas, sino que además serán ignoradas. Algunos adolescentes pueden violar las reglas sin importarles las consecuencias. Otros, acostumbrados a desafiarlas, podrán también desafiar los castigos. En ambos casos, los padres deben solicitar ayuda a un profesional, para evaluar conjuntamente la solución de los casos particulares. Test sobre el comportamiento desobediente ¿Problemas con su hijo adolescente? Es la edad del amor, la edad en que comienzan a definir sus personalidades... ¡y la edad en que más conflictos nos causan! Si su hijo adolescente presenta serios conflictos de comportamiento, deberá recurrir a un profesional para evaluar las mejores soluciones, pero si solo se trata de un joven inquieto y rebelde tal vez le ayude leer el siguiente artículo. Si usted o algún conocido están teniendo problemas con un hijo adolescente, le sugerimos responder las preguntas formuladas a continuación. Pueden servirle como parámetro para medir la magnitud del problema. En determinadas ocasiones, estos conflictos solo pueden ser tratados con ayuda profesional, pero la mayoría de las veces solo se trata de reforzar las reglas y los límites del hogar. Luego de contestar el cuestionario, lea la Guía de Respuestas, que le ofrecerá sugerencias y recomendaciones en base a sus respuestas Conteste cada respuesta con un sí o un no. Contabilice la cantidad de “sí” respondidos. Su hijo adolescente...
Contabilice las respuestas afirmativas. Estas son nuestras recomendaciones para la cantidad de “sí” acumulados:
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