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Actitud positiva ante la vida Definición “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo” decía Ortega y Gasset. ¿Cómo puedo salvar mi circunstancia?. Pues en primer lugar con una actitud positiva ante la vida que fundamentalmente consiste en transformar la adversidad en un desafío que puede proporcionarnos disfrute al afrontarlo. Siempre puedo, cuando tengo sed, ver la botella medio llena o medio vacía, cuando en realidad está mediada. Depende de nosotros el juicio y la acción como respuesta, la actitud: “voy a rellenar la botella en la fuente ahora que paso cerca”. La suma de esas actitudes hacia las pequeñas cosas que nos pasan forjará nuestro éxito en la vida, no sólo desde el punto de vista social o profesional, sino también y fundamentalmente desde el punto de vista personal. "Si te sientes dolido por las cosas externas, no son éstas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder el cambiar este juicio ahora mismo", decía en su obra "Pensamientos", el filósofo estoico y mas tarde emperador romano Marco Aurelio. Daniel Goleman en su conocido libro “La inteligencia Emocional” afirma que el optimismo y la esperanza impiden caer en la apatía, la desesperación o la depresión frente a las adversidades. Y añade: "Es la combinación entre talento razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso, lo que conduce al éxito". Para fomentar la actitud positiva:
Las personas con actitud positiva ante la vida, son las que consiguen disfrutar ante los desafíos de la vida y no destinan sus energías a dominar su entorno, familia o amigos, sino a encontrar una manera armoniosa de funcionar dentro de él.
Método para resolver problemas a través de la inteligencia emocional Los psicólogos estadounidenses Elias, Tobias y Friedlander proponen un método para la resolución de problemas basándose en la Inteligencia Emocional. Este método -llamado STOPP SPA por las siglas de los 8 pasos que lo componen- tiene la ventaja que obliga a detenernos, a pensar el problema, evitando que nos dejemos llevar por la presión del momento o por nuestras emociones: ira, incertidumbre, nerviosismo, frustración, miedo... Conocer y pensar en nuestros sentimientos, cuando estés frente a un problema pregúntate: ¿Cómo me siento? ¿Qué clase de sentimientos experimento? ¿Cómo creo que se siente el otro o los otros afectados? Admitir que el problema existe, independientemente de quien sea el culpable. Si el problema existe, seguro que es preciso actuar para resolverlo o mitigar sus efectos negativos. Pregúntate: ¿Qué pasó exactamente? ¿Qué pasó antes? ¿y después? ¿Qué hice o no hice? ¿Cuál es el origen del problema? Plantear los objetivos de actuación por escrito. Consiste en hacer una lista clara y explícita de lo qué queremos. Los objetivos deben ser razonables y debemos tener paciencia y perseverancia para conseguirlos. Pregúntate: ¿Qué me habría gustado que sucediera? ¿Qué me gustaría que sucediera ahora? Buscar todas las posibles acciones que puedan servir para conseguir los objetivos. Cuantas más soluciones potenciales se tengan, mejor. Sabiendo que la vida es compleja, y rara vez existe una única solución a un problema determinado. Pregúntate: ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Y mañana puedo hacer más cosas? ¿Y pasado mañana? Preveer el resultado. Para cada acción debe plantearse sus posibles consecuencias. Pregúntate: ¿Qué pasaría si hago lo que he pensado? ¿Qué podría pasar? ¿Qué podrían hacer los demás involucrados? Seleccionar la mejor opción, en función de los pasos anteriores. Pregúntate: De las acciones pensadas y teniendo en cuenta sus posibles consecuencias, ¿Cuál es la mejor la mejor acción para ejecutar primero? Planear la ejecución, anticipando dificultades. Pregúntate: ¿Cómo voy a ejecutar la acción elegida? ¿Qué posibles inconvenientes puedo encontrar? ¿Que haré si las cosas salen mal? Evaluar los resultados. Nada garantiza el éxito, pero también del fracaso se deben obtenerse lecciones positivas, pregúntate ¿ y ahora, ¿qué?
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