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Logopedia o fonoaudiología

Definición

La logopedia es la disciplina que engloba el estudio, prevención, evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la comunicación humana, manifestados a través de patologías y alteraciones en la voz, el habla, el lenguaje (oral, escrito y gestual), la audición y las funciones orofaciales, tanto en población infantil como adulta.

La Logopedia, también conocida como fonoaudiología en Iberoamérica, es la ciencia que evalúa, diagnostica y trata los problemas de la comunicación, ya sea en la audición, el lenguaje o la deglución.

El logopeda busca el tratamiento de las perturbaciones del habla, del lenguage y de la comunicación, y estudia todas aquellas medidas de prevención tomadas en niños antes de los cuatro años, para evitar futuras perturbaciones del habla y del lenguage.

Áreas de actuación

La logopedia tiene como finalidad: la prevención, el diagnóstico, pronóstico, tratamiento y la evaluación integral de los trastornos de la comunicación humana: ya sean éstos trastornos del habla o del lenguaje. También se tratan problemas orofaciales aplicando terapia miofuncional, y los trastornos de la deglución, incluida la disfagia.

El área de actuación de la logopedia y el ejercicio de la profesión se desarrolla en varios entornos: atención temprana, gabinetes privados, clínicas de ORL, centros de especialidades médicas, hospitales, grupos de investigación lingüística, etc.

La figura profesional del logopeda está incluida en España en la Ley de ordenación de las profesiones sanitarias LOPS, Ley 44/2003 de 21 de noviembre, donde se define al logopeda como personal sanitario, acabando con la indefinición anterior entre sanitario y educativo. La titulación de logopeda se adquiere actualmente en España mediante los estudios de Diplomado en Logopedia. Los titulados anteriores a la existencia de la Diplomatura tienen una titulación de postgrado reconocida plenamente por los Colegios Profesionales. En algunos países de Latinoamérica, la titulación de Fonoaudiología es de Licenciatura.

En las escuelas encontramos los maestros de audición y lenguaje, profesional que suele confundirse con los logopedas, ya que realiza trabajos similares dentro del marco educativo. El logopeda y el maestro de audición y lenguaje han de colaborar en muchas ocasiones, especialmente en aquellos casos en los que los apoyos escolares son insuficientes.

Funciones del logopeda Prevención

La función preventiva del logopeda debe entenderse, de acuerdo con el CPLOL, como el conjunto de actuaciones posibles para evitar el surgimiento o empeoramiento de un trastorno. Se ejercen por medio de la formación, la información, el escrutinio o cribado para la detección precoz y de las acciones apropiadas sobre el sujeto o su entorno.

Evaluación y diagnóstico

Se entiende que el diagnóstico es un proceso de determinación de la enfermedad que causa ciertos síntomas y que debe contener su comprensión etiológica. En muchos trastornos en los que intervine el logopeda, este diagnóstico precisa de unos conocimientos y habilidades que ostentan los profesionales médicos, aunque no siempre es así. Además, el diagnóstico necesita, sin embargo, de muchas informaciones que son obtenidas de manera eficaz y efectiva por parte del logopeda (y de otros profesionales). Por otro lado, en muchos otros trastornos por su propia naturaleza el diagnóstico no está restringido a la comprensión etiológica y cae plenamente en las competencias del logopeda.

Finalmente, en otros casos el logopeda puede ejercer la función diagnóstica con la necesaria participación de otros profesionales de la salud, la educación u otras profesiones de atención a las personas.

El CPLOL informa que la evaluación supone un balance de todas las funciones y de todos los aspectos vinculados a las competencias comunicativas y a sus alteraciones en un paciente (que consulta al logopeda por iniciativa personal o no) teniendo en cuenta sus necesidades y las características de su entorno social. Solo o en colaboración con otros profesionales, el logopeda establece un diagnóstico a partir de pruebas específicas y de la observación clínica y despeja las hipótesis relativas a la naturaleza y a la duración del tratamiento.

La función de establecer un pronóstico de evolución también solicita de la participación de diversos puntos de vista. El logopeda conoce de manera cotidiana la realidad y evolución del sujeto con lo que de manera prioritaria será sobre él sobre quien recae esta función en los trastornos de la comunicación.

Intervención

El ámbito competencial más conocido e identificado en la tarea del logopeda es el de la intervención. No es necesario realizar un debate terminológico sobre los conceptos intervención, rehabilitación, educación, reeducación, terapia, tratamiento,... Se utilizan estos términos en ocasiones como sinónimos, aunque cada término posea un uso específico, según el planteamiento más educativo, funcional u orgánico de trastorno.

El CPLOL establece que la intervención logopédica en un cuadro de trastornos de la comunicación, puede tomar forma de terapia directa y/o indirecta. Está constituida por actos de reeducación, de adaptación o de readaptación a la vida social o profesional, de educación precoz o de guía. Estos actos comportan aspectos a la vez técnicos, relacionales y sociales. La intervención tiene por objeto conducir al paciente, según sus posibilidades, al nivel óptimo de funcionamiento y de comunicación que corresponde a su entorno, social o profesional o escolar, a fin de hacerle acceder o de mantener un nivel que le permita una vida autónoma. Desde este punto de vista la edad no tiene ninguna importancia, puesto que los trastornos pueden aparecer en todos los estadios de la vida, pueden ser del desarrollo o adquiridos. Una parte esencial de la intervención reside en la evaluación de su eficacia. La intervención logopédica implica igualmente la participación en la elaboración de programas en contextos interdisciplinares. En el caso de tratarse de patología médica, la terapia logopédica puede ser complementaria de la intervención médica.

El logopeda debe estar preparado para actuar en distintos escenarios profesionales. Algunos claramente definidos y otros emergentes y cambiantes.

Se reconocen como habituales los escenarios hospitalarios, escolares, educativos, asistenciales primarios y las organizaciones de prestación de servicios a las personas de titularidad privada. El logopeda debe ser competente para adaptarse a nuevas posibilidades de actuación pues las necesidades de mejora y excelencia en la comunicación no son exclusivas de los entornos antes mencionados.

Investigación y docencia

Estas dos proyecciones de la Logopedia están contempladas en todos los documentos de referencia internacional (CPLOL, ASHA...)

Investigación

En nuestro país la investigación en logopedia es muy precaria. El sistema de acceso a la profesión por vía de una diplomatura (con poco más de diez años de evolución) prácticamente imposibilita la definición de un área científica y la asunción por parte de los logopedas de la investigación en ésta área. Actualmente esta investigación está en manos de otros titulados. La competencia del logopeda en materia de investigación no debe limitarse a los ámbitos de la patología sino que debe conocer y ser capaz de actuar en aspectos dedicados al estudio del lenguaje normal.

Docencia

Como en el caso de la investigación, la docencia universitaria no ha sido una posibilidad real de actuación del logopeda. Los sectores profesionales reivindican esta posibilidad, no sólo como campo de trabajo, sino como una mejora sustantiva de la calidad de la formación práctica de los futuros profesionales.

Peritaje

Finalmente aparece una última proyección profesional del logopeda en el marco de las acciones de certificación pericial. Empieza a emerger una demanda por parte de las administraciones de Justicia y también por las compañías de seguros, de una actuación certificada de evaluación de daño corporal y de identificación de sujetos por las marcas comunicativas. En algunos países se habla de logopedia forense.

Trastornos susceptibles de actuación logopédica

Psicología de la intervención logopédica

Es importante que los logopedas sean sensibles a los aspectos emocionales y sociales involucrados en estas anomalías. No se trata de un trabajo estrictamente logopédico, pero el logopeda deberá estar en permanente contacto con el psicólogo que trate estos aspectos del desarrollo de la personalidad del niño con disglosia.

La intervención del logopeda tendrá por objetivos:

  • lograr que el niño no se centre en su anomalía,
  • que la anomalía no defina la personalidad del niño
  • facilitar las pautas para que los padres puedan crear un ambiente familiar acogedor en el que se valore lo que realmente hace que una persona sea valiosa (autonomía, inteligencia, capacidad de mostrar afecto, etc.)
  • mostrar satisfacción, y hacérsela notar al niño, por cómo es: insustituible.
  • estimular la autonomía personal del niño
  • ayudar al niño a establecer relaciones con otros niños, mostrándose seguro y asertivo
  • enseñar al niño ciertas formas de relacionarse socialmente (no identificar a las personas por su aspecto físico, sino por características más neutras, como la ropa, por ejemplo).
  • No centrar excesivamente al niño en aspectos negativos
  • colaborar con una educación positiva y asertiva
  • apoyar a los padres en su trabajo de lograr un niño bien educado, seguro, autónomo y libre.

Problema más frecuente

La disglosia es el trastorno de habla consecuente a una malformación de una o varias partes de los órganos de la articulación: boca, lengua, dientes, labios. Pueden ser, por tanto, palatales, labiales, dentales, mandibulares. Por ejemplo, una mandíbula prominente (progenie) puede distorsionar el sonido /s/ al rozar la lengua los incisivos superiores; una insuficiencia del velo del paladar puede impedir que se cierre bien el conducto rinofaríngeo y teñir con ello las emisiones de un timbre nasal (rinolalia abierta). Las disglosias más frecuentes y que más repercuten el habla son el labio leporino (fisura labial) y el paladar hendido (fisura palatina). En EE.UU. estas anomalías afectan a 1 de cada 700-1000 nacimientos, lo que las convierte en las anomalías congénitas más frecuentes

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